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  • Cita APA: Santibáñez. I (2016). Residencia: Nos come el paisaje.Trabajo de experiencia específica en Colombia. Panambí, (3), 17-21. Recuperado de: http://panambi.uv.cl/index.php/40-n3-2016/47-santibanez

Panambí
ISSN 0719-630X online

Panambí n. 3 Valparaíso nov. 2016

 

Residencia: Nos come el paisaje.
Trabajo de experiencia específica en Colombia

 

Isabel Santibáñez
pintora y académica
Universidad Austral de Chile
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Todas las imágenes son de Isabel Santibáñez.

Antecedente 1: N-o-s—c-o-m-e-m-o-s-—e-l—p-a-i-s-a-j-e—e-n—s-u-s--a-l-i-m-e-n-t-o-s,------e-l—p-a-i-s-a-j-e—n-o-s—c-o-m-e--d-e-s-d-e—e-l—c-u-e-r-p-o,-----------------y------m-e—c-o-m-e—e-m-o-c-i-o-n-a-l-m-e-n-t-e--el—p-a-i-s-a-j-e--d-e-s-d-e—s-u—m-o-n-u-m-e-n-t-a-l-i-d-a-d; son estos cruces los que convergen en materiales e imágenes que constituyen el trabajo desarrollado en La Cueca residencia, ubicado en el Corregimiento La Florida, ciudad de Pereira, Colombia. La Florida se encuentra en la cordillera de los Andes, su paisaje es el bosque andino, donde abunda la flora y fauna, además del paisaje agrario, destacando el cultivo de la cebolla y el plátano, entre otros alimentos.

Antecedente 2: el domingo 2 de octubre, los colombianos fueron llamados a las urnas para aprobar o rechazar el acuerdo de paz alcanzado entre el Gobierno y las FARC-EP.

Antecedente 3: el miércoles 26 de octubre, me fui a ver la cordillera en distintos tonos de verdes.

Nos come el paisaje es un trabajo realizado al óleo sobre envoltorios de dulces de guayaba (bocadillos típicos de Colombia). La materialidad del soporte corresponde a hojas de la planta del plátano (musa paradisíaca), las que pueden llegar a medir tres metros de largo por noventa centímetros de ancho, siendo secadas para ser utilizadas como papel protector del dulce. La hoja es manipulada para su comercialización; la naturaleza es dispuesta como producto.

La imagen a pintar son los detalles del paisaje exuberante del bosque andino colombiano. Cada pintura fue desarrollada a partir de recorridos diarios realizados en el lugar, de manera que la obra quedó sometida a una pequeña colección vegetal. La composición de cada hoja fue pensada desde el atiborramiento, no dejando espacio para el cielo; sólo se dispuso una pequeña franja donde aparece el soporte con el propósito de que se identificara la procedencia natural de la hoja de plátano. La idea de llenado es intensificada con el tamaño de la obra, puesto que el paisaje de vegetación monumental es desarrollado en miniatura, logrando acentuar el barroquismo natural, que, en este caso, se percibe desde la exuberancia de formas vegetales.

La obra parte desde su título, “Nos come el paisaje”, alusivo al sentimiento generado desde lo sublime del paisaje cordillerano, pues la monumentalidad y abundancia de la naturaleza es lo que provoca un estremecimiento emocional. A su vez, el título alude a las relaciones que se establecen con el paisaje en Colombia, paisaje que concede una multiplicidad y abundancia de riquezas naturales, tales como el oro, la plata, el cobre y distintos alimentos, pero que al mismo ha favorecido el conflicto territorial, como el de la guerrilla armada con la FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), el EPL (Ejército Popular de Liberación), los paramilitares, los cultivos de cocaína, el narcotráfico, la minería ilegal, entre otros problemas que enfrenta el país. Tanto el desarrollo como la permanencia en el tiempo de estos grupos se han visto favorecidos gracias a la abundante vegetación, ya que se esconden en la espesura del follaje de la Sierra de La Macarena, Putumayo, el Cauca, el Chocó y la selva tropical de la Amazonia, entre otros muchos lugares. La profunda herida de un pueblo se visibiliza con los campesinos e indígenas desplazados, los asesinatos, la desaparición de personas, la violación a los derechos humanos y la introducción de diversos tipos de drogas.

La obra pretende mostrar a partir del paisaje con una herencia que concibe al género paisajístico desde una mirada idealizada. Este precedente que está en el inconsciente colectivo se contrapone al pintar la vegetación específica de un momento en un soporte que, por sus características naturales, es degradable, de modo que tanto la hoja como la imagen se destruirán. Así, este paisaje atiborrado de verde información, aquí anuncia una fecha de desaparición. La hoja del plátano que se comporta como envoltorio soporta la imagen pintada de otras hojas, pero, en algún momento, el soporte, contraponiéndose al ojo educado que entiende el paisaje a partir de la contemplación, codificado desde la belleza, lo decorativo, la felicidad, el esparcimiento, entre otras cosas, logrará en la obra tensionar sutilmente lo aprendido, poniendo en cuestionamiento el paisaje. El soporte, desde el lugar de producto económico, hace desaparecer su propio paisaje: lo vuelve frágil, perecedero, y toda su monumentalidad y belleza aquí se volverán nada.

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